1 julio, 2026

Arena de Debates

La evocación de J. Daniel Infante tiene adosado un elemento indivisible de su figura política: el Concejo de Rosario fue el escenario donde se forjó su perfil de orador punzante y desde donde emergió como candidato a dirigir el gobierno local.

Por su proximidad partidaria –J. Daniel Infante había simpatizado con el primer radicalismo y aunque después participó de la fundación de la Liga del Sur pronto tomó distancia de su conducción, enemistado con Lisandro de la Torre.

El flamante primer gobierno provincial de la Unión Cívica Radical lo eligió intendente de Rosario y miembro de una comisión para intentar resolver el conflicto agrario desatado con el Grito de Alcorta, junto al vicegobernador Ricardo Caballero y al estanciero Toribio Sánchez.

Antes, Infante había sido parte del armado liguista para el arribo de esa fuerza política al Concejo en los comicios de 1908, en los que serían electos doce representantes, entre los que se contaban apellidos notorios de la burguesía local como Campdesuñe, Escudero, Schleisinger, Montserrat, Otto Grieben y Landó, entre otros.

LA PALABRA Y LA POLÉMICA.
En ese ámbito –el Concejo– Infante libró sus más enconadas batallas. Desde su nunca resignada militancia inicial en España pasó a polemizar en Rosario al constituirse y fundar la Unión Republicana, buscando integrar a las asociaciones hispanas de la ciudad en defensa de ese ideario, que siguió postulando en sus escritos. “No dudaba de que la forma de gobierno republicana era la más legítima expresión de la democracia”, afirmó su biógrafa, la historiadora rosarina Patricia Pasquali. Antimonárquico y anticlerical, Infante no cejaba en encabezar cuanto encuentro lo representara por aquellas inclinaciones, siempre como orador elevado y convincente, característica que imprimió su estilo también en el fuero partidario.

Aún antes de desembarcar en el Concejo, Infante llevó adelante desarrollos inmobiliarios y fue impulsor de una novedosa iniciativa urbanística: la Avenida Central. “Se invita a todos los amantes del progreso del Rosario a suscribir acciones de la 2a serie de LA URBANIZADORA ROSARINA SA”, sostenía una convocatoria promovida por el español. “El objeto principal de la Sociedad será abrir y urbanizar avenidas y calles públicas del Rosario de Santa Fe, y con preferencia la Avenida Central”, señalaba una circular aparecida en los diarios locales, que ya había sido presentada el 15 de noviembre de 1911 al Honorable Concejo Deliberante “para hacer públicos los propósitos que guían a los actuales accionistas”, en busca de hacerse de las propiedades “cuya compra tiene convenida en la manzana Córdoba, Laprida, Rioja, y Maipú, por el precio de su costo y la suma que el Concejo fije como para compensación de gastos e intereses del capital invertido”. La nota solicitada también subrayaba el marco en el que intentaba avanzar el proyecto: “se hace contra ella (la Avenida), campaña por todos los caminos”, destacaba. 

CONTEXTO POLÍTICO. 

El proyecto de la Avenida Central había contado en sus inicios con el presunto apoyo de los ediles, con la sanción inicial de una ordenanza de respaldo, la Nº 61 (aprobada en 1910), pero se iría desdibujando hasta quedar definitivamente desactivado durante la fugaz gestión municipal del español, en la que se hizo manifiesta una notable resistencia de muchos vecinos a vender sus propiedades en el trayecto pensado para las obras. En ese período también se escucharían altisonantes opiniones en contra de la falta de una planificación mayor y las sospechas de una posible especulación inmobiliaria. El sueño de una imponente diagonal de 42 metros de ancho, con veredas elevadas para el paseo peatonal y una amplia traza para tranvías y automóviles que hubiera transformado la fisonomía urbana de Rosario, se terminaría de apagar del todo en abril de 1913, con la salida de Infante de su cargo de intendente municipal. 

Sucesos, N° 42