Impulsado por el ingeniero Nicolás Grondona en 1872, en el lugar de su izamiento original y sustentado en el aporte popular y trabajo local.
En 1872, sesenta años después de la creación y primer izamiento de la Bandera nacional en las costas de Rosario, el ingeniero genovés Nicolás Grondona elevó una carta al Concejo Ejecutor –instancia previa a la aparición del Concejo Deliberante– solicitando la necesidad de que se atendiera la inquietud vecinal de ”levantar dos monumentos en los puntos donde se enarboló y saludó por primera vez el glorioso pabellón argentino”.
EL PADRE DE LA CRIATURA
Aquel no era un pedido más: Grondona era Ingeniero Municipal desde 1871, un año antes. Había sido además un inquieto habitante de la ciudad que ya en 1856 figuraba entre los diez italianos residentes. En 1858 presentó el primer plano urbano local detallado, de su autoría y litografiado por el francés Carlos Riviére. Aunque con más aires de planificación que reflejo fidedigno del damero real de las calles de la Rosario de entonces, Grondona creó la primera pieza cartográfica impresa basado en un esquema parcial de la Villa del Rosario de 1850, pergeñado por otro ingeniero, Raimundo Prat. Aquella creación de Grondona, además de mostrar una idea de nueva ciudad, le sirvió para demostrar sus competencias y ofrecerse como técnico.
LA BANDERA DE DOS ORILLAS
El año en que Nicolás Grondona impulsó los monumentos a la Bandera –uno en las isla frente a Rosario y otro en la barranca local, donde Manuel Belgrano había montado las baterías Libertad e Independencia–, el ingeniero genovés había expuesto en el salón de la Municipalidad, su plano actualizado con el detalle de nuevos servicios e indicaciones en colores del tipo de construcciones que se habían levantado en la ciudad en catorce años. Con ese espaldarazo, la solicitud de Grondona para homenajear a la enseña patria marchaba sin freno.
El 12 de septiembre de 1872 se puso la piedra basal y en poco más de cinco meses se logró levantar el primer monumento en las islas: era un obelisco de forma egipcia, de siete metros y medio de altura con una base de metro y medio, compuesta por dos pedestales. A sus cuatro frentes llevaba inscripto en azul las fechas más consideradas de la historia argentina: 1810, por la Revolución de Mayo; 1812, por la creación de la Bandera; 1816, año de la Independencia; y 1853, por la sanción de la Constitución Nacional. En una de sus caras bajas, en mármol, estaba tallado un mensaje para la posteridad: “Aquí existía la batería Independencia donde se enarboló por primera vez la Bandera Nacional Argentina, el 27 de febrero de 1812 a las 6 y media de la tarde. La Patria perpetúa este glorioso recuerdo con este monumento. 27 de febrero de 1873”.
APORTES PATRIOTAS
Aquel primer espacio en el país dedicado a recordar a la Bandera estuvo solventado en buena parte por la suscripción popular, además de contar con material y mano de obra desinteresada de albañiles, marmoleros, herreros y grabadores, especialmente italianos. Los gobiernos de Santa Fe y de Tucumán completaron los fondos necesarios para la construcción.
En tanto, el monumento en la ciudad no llegó a levantarse por falta de fondos y de apoyo del gobierno nacional de Domingo Faustino Sarmiento, que alentaba el proyecto de Bartolomé Mitre de instalar un monumento a Belgrano en Buenos Aires.
En mayo de 1877, con la frustración a cuestas de su proyecto trunco, Grondona renunció al cargo de Ingeniero Municipal argumentando razones personales y falleció en agosto de ese mismo año. La furia de una creciente del río Paraná en 1878 arrastró la esforzada y huérfana pirámide de la isla. Una lámina litografiada en los talleres de Eduardo Fleuti, donada al Museo Histórico Provincial Julio Marc por un suscriptor es el único registro que quedó de aquella noble empresa. Grondona las entregaba a cambio de la colaboración a los patriotas aportantes.
Fuente: Sucesos Rosarinos, 32




